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J.VALCARCEL, DEL OBJETO DE AYER A LA PINTURA DE SIEMPRE

 

            Vive este artista natural de Tui (1956) en el medio rural ourensano, concretamente en Xurenzás, ayuntamiento de Boborás, cerca pues de o Carballiño, donde imparte docencia como catedrático de Dibujo en el Instituto  de Bachillerato de aquella villa desde el año 1984.

            Su casa levanta nuevas paredes sobre las viejas estructuras de  una vivienda campesina antigua. Allí tiene hoy su estudio. Desde su interior la mirada lleva a lo lejos las grandezas de Pena Corneira, enfrentándonos a una realidad hermosa, verde en la tierra y hoy tremendamente gris en el cielo.

            Libros y objetos se mezclan con cuadrod y diversos materiales para pintar en ese lugar de trabajo en el que hacen compatibles el caballete y la paleta de siempre con el ordenador de hoy, instrumento que tantos y tantos artistas hicieron habitual en su forma de concebir actrualmente el diseño.

            Valcárcel vive en plenitud su cuarta década de vida y lleva ya en sus espaldas veinticinco años de exposiciones. Que en su curriculo figure su primera exposición individual en 1978 es un dato que no debe pasar desapercibido.

            Atrás quedan también sus estudios, primero en La Coruña y mas tarde en Valencia. Su formación en la insigne Facultad de Bellas Artes de San Carlos, en Valencia, entre 1976 y 1981, es otra circunstancia altamente significativa a la hora de entender su formación.

            Tras aquella época vuelve a su tierra gallega de origen, y después de un año (1983) viviendo a lado del mar- imparte en ese momento docencia en Ribeira- se establece en tierras de o Craballiño, donde la vida balnearia se ve rodeada de un campo en el que el peso de la historia se convierte en arte- iglesias, pazos unas veces, construcciones populares otras...-y el trabajo de los hombres se concreta en la realidad actual de diversos núcleos rurales de población, a vecea casi abandonados, dando cuanta así de un pueblo que hizo tantas veces de la emigración el camino para la subsistencia.

            En este medio vive el pintor. Allí ejercita su mirada de artista. Unas veces su trabajo se hace pint5ura al modo tradicional, en otras su formación en el dibujo lo lleva a desarrollar diversos trabajos de diseño que oueden servir a diferentes finalidades. De este modo el mundo de la promoción cultural y turística puede ser objeto de su interés, como también puede serlo la divulgación de la propia historia y del patrimonio cultural de estas tierras aurienses con las que hoy Valcarcel parece sentirse identificado.

            El humor y la opinión son tambien ámbitos que pretenden desarrollar, ya desde las posibilidades de la prensa, ya desde ese medio tan directo e inmediato que es la radio, lo que lo lleva, por otra parte, a diversificar su modo de expresarse.

            En cualquier caso, su labor de docente debe entenderse como un fundamento básico a la hora se explicar, en este caso al pintor. El libro que publica sobre Educación Plástica y Visual (I), orientado a los alumnos de primer ciclo de la ESO (1994), ha de entenderse como un  todo, no solo su linea docente en cuanto a contenidos de texto y selección de imágenes, sino también el diseño gráfico se le deven a él. Quien se aproxime a sus páginas se encontrará en ellas muchas de las claves para entender mejor su obra. Son en este sentido sumamente significativas tanto la elección del material gráfico como su ordenación dentro del libro en cuestión.

            Hay un cierto concepto de exposición antológica en esta exposición que nos ofrece Valcarcel, algo que es muy digno de agradecer. És habitual que los artistas sientan interés únicamente por presentar sus última obra, considerando que tiene menos sentido enseñar sus trabajos anteriores. Un pintor como Valcarcel se entiende  y se valora mejor si el que se acerca puede moverse a lo largo de tiempos y circustancias diferentes, y eso es lo que otorga el valor de ser mas significativa una exposición como la que aquí presenta.

            Aquí está Valcarcel que llega a su Galixcia, de nuevo, en 1983 para ejercer su docencia y sacar adelante su labor pictórico. Lo encontramos en esas viejas murmuradoras, un carbón sobre papel que bosqueja tres figuras sumamente expresivas. Tienen esa fuerza que le imprime habitualmente este pintor a la figura humana, concebida desde un cierto sentido trágico, sobre todo expresado, algunas veces, en trabajadas manos que esconden rostros y supuestos dolores.

            El artista nos cuenta, contemplando unos pequeños trozos de construcciones de ladrillos llevados a la pintura, como descubrió este tipo de fragmentos de obra humana a lado del mar, en sus días en Ribeira, después de que fuesen modelados por el ir y venir del agua. El tiempo y el trabajo de los hombres y de la naturaleza se conjugan así en un perdido y no usual objeto, maltrecho y olvidado, en el que el artista, desde su perspectiva de pintor, quiso interpretar.

            Desde este tipo de formulación se entienden sus naturalezas muertas, serie que aglutina un buen número de pinturas aquí recogídas. La composición y el trabajo matérico le otorgan carácter a este tipo de trabajos. En esta línea siente ahora un interés especial por las maletas; las busca, las estudia y en su análisis elige un trozo cualquiera de cualquiera de esos viejos contenedores de anónimos viajeros para llevarlos a sus cuadros, que quieren arrancar al ser mismo o, si se quiere, al alma del que fue y hoy se convirtió en inservible objeto.

            A las cosas de las naturalezas muertas Valcarcel les pinta sobre todo el tiempo, o lo que es lo mismo, la vida. O mejor, si se quiere, lo que el vivir entraña de asunción de una vejez que las vuelve en seres inútiles que quedan ahí como testigos de un ayer desconjuntado aún presente.

            En otra de sus series, “Mirando al suelo”, Valcarcel fija su interés en aquello que pisamos, sin darle importancia y que está ahí, ofreciendo información convertible en ese objeto pictórico al que se reduce la existencia de cualquier cuadro que pueda ser pintado. Una esmagada lata de Coca-Cola, un trozo de un sumidero, o una simple hoja olvidada en un lugar cualquiera estab allí, en el suelo, y se convierten en pinturas en las qu el artista trabaja con criterio cada fondo, generando materiales y formando, en algunos casos, bellas composiciones y oportunas trasparencias.

            Valcarcel se vuelbe cronista, en ocasiones, de un tiempo y de una realidad olvidados. Cuando contemplamos “La bicicleta de Eduardo”, un cuadro de gran formato que nos presenta, tal cual, una vieja bicicleta apoyada en una pared, está mostrándonos una cosa concreta  y con una historia concreta; nos está diciendo que su pintura quiere ser, sobre todo, pintura, pero que eso no le impide estar a lado del maltratado, del humilde, quizás sin proponérselo demasiado, una especie de plataforma de defensa de “causas perdidas”, reivindicando la nobleza de lo presumiblemente innoble, la grandeza de lo mísero...

¿Estará mucho tiempo la mirada de Valcarcel fija en lo concreto y en lo pasado? En un rincón cualquiera de la casa del artista cuelgan un par de llamativos paisajes. Los firma el. Como los emplomados de los antiguos vidrieros, gruesos contornos rodean campos diversos de diferentes colores. El resultado lleva consigo una forma muy personal de entender el paisaje que bien puede ser, por que no, el que se mira desde la terraza de ese estudio suyo, orientado hacia Pena Corneira, hacia montes y campos en los que domina el verde, y cielos que reflejan los caprichos de un día cualquiera. A partir de ahí, si el quiere, puede desarrollarse un Valcarcel diferente, que levante la vista del cuelo, que deje de concretar lo concreto y pasado para vivir el día a día de esa naturaleza en la que vive sumergido, y que parece esperarlo para ser pintada.

            Cada año, en los últimos tiempos, O Carballiño asiste a una inusual actividad artística. Al llegar septiembre, Valcarcel, el catedrático de Dibujo de su Instituto de Bachillerato, presenta sus pinturas públicamente. Lo hace colocando un cuadro en cada escaparate de los comercios situados en las calles mas frecuentadas de la villa. En alguna ocasión incluso  mismo a lado del cuadro el objeto que sugirió la obra en cuestión. És un a forma muy próxima y natural de mostrarse; en esos casos lo que se ve es lo último. En este que estamos considerando, como antes decía, Valcarcel quiere dar cuenta, de forma global, de toda su trayectoria artística. De su pasado y de su presente, en pleno desarrollo, como corresponde.

 

            José Manuel García Iglesias