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Esas pequeñas cosas. Un viaje por los detalles, por lo concreto, por aquello en lo que nadie se fija. El mundo en el que vivimos está lleno de esas pequeñas cosas en las que muy pocas veces reparamos, que conviven con nosotros a nuestra vera, eternamente mudas, pero gritándonos desde su silencio la lucha de su existencia. Tan sólo la mirada de algún vigilante de los cielos o de un observador del viento podría hacerlas renacer de su destierro y convertirlas en protagonistas absolutas de los lienzos, llenando con su figura el espacio, encuadrándolas a su gusto, transformándolas según la mirada del pintor, según su interés, su pensamiento, sus deseos o sus sueños. Sobre la negra calle, perdida entre la oscuridad, una pequeña hoja caída de quien sabe donde, se convierte en foco de nuestra mirada. Ahí radica la calidad de la obra de Juan Valcárcel, una pintura que surge de un encuadre fotográfico diferente, que nos permite imaginar y soñar con lo que hay mas allá del cuadro, fuera de los márgenes del mismo, algo que se convierte en más importante que el mismo contenido del lienzo. La blanca flecha nos indica el camino a seguir, ¡quién sabe si bueno o malo, si es el adecuado o no!¿Quién sabe a dónde nos conducirá, y cuando llegaremos a ese lugar?. La grandeza de esta exposición es la diferencia que existe entre unas obras y otras, lo cual ayuda a comprobar la versatilidad del artista, que es capaz de crear interesantes obras tanto en carbón sobre papel como en óleo o en tintas sobre papel. Aunque una gran cantidad de los lienzos expuestos utilizan colores fuertes y llamativos, con evidentes reminiscencias al pop-art (no puedo evitar aquí hablar sobre esa lata de Coca-Cola, aplastada contra una baldosa del suelo, tan roja, tan plateada, con su marca al vuelo, clara, evidente, y a la vez tan expresiva, denunciante, reivindicativa), otras de sus obras utilizan un moderado y sencillo tono cálido, tostado. Entre estos últimos no solo utiliza elementos como latas, alcantarillas o restos de comida. También retoma la figura humana, pero no para ensalzarla o recrearse en ella, sino para mostrar su aspecto más humano, el de aquel hombre que, tras beber en escena, se ve rendido por el sueño y el cansancio. La soledad del momento, lo sucio y triste de la situación en la que se encuentra quedan perfectamente reflejadas a través del material que usa para construir la obra, el carbón sobre papel. Igual sucede con el grupo de viejas murmuradoras que, sentadas en sus sillas, realizan labores de costura mientras comentan. No nos interesan sus rostros, ni sus ropas. Tan solo los contornos de sus figuras, con el movimiento generado por sus cuchicheos, por “pegar el oído”, hablando de aquel y de éste, da igual de quién, con tal de pasar el día, de sentirse vivas aunque no participen de la vida... Una obra que va girando entre la luminosidad de las telas exóticas colgadas al sol, de las que tan sólo podemos contemplar una parte y la transformación de una simple madera o de un sencillo adoquín en protagonistas absolutos del momento, del instante en que el espectador descubre el lienzo y se queda prendado de él.
Estrela López
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