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Galicia cuenta en estos momentos con un excelente plantel de pintores, de entre los cuales destaca con luz propia Juan Valcárcel Obelleiro. Natural de Tuy y por motivos personales establecido en Ourense, donde está dedicando su vida, no sólo a difundir la calidad de su saber como profesor, sino a investigar nuevas tendencias a través de las viejas, lo que le convierte en un pintor de vanguardia.

Si Bruegel representa la disparidad humana, el Greco la espiritualidad huyendo de la materia; Picasso, la creatividad imparable; Antonio López el estudio meditado llevado a la pintura... Valcárcel representa el devenir del alma a través del tiempo con sus “maletas”, que no son meros contenedores de cosas, sino el envolvente del alma humana en el largo peregrinar a través del tiempo. La maleta es el nexo entre el pasado y el futuro, es nuestro rastro, la esencia que perdura en el objeto, la que nos vincula a un tiempo y a un espacio por el que los que han de venir sabrán de los que se han ido.

Valcárcel navega, a través del arte figurativo que se baña con la realidad, con la intención de recuperar una belleza a la que no estamos acostumbrados a percibir. A través de su tratamiento, el artista nos obliga a mirar más allá del objeto y alcanzar su auténtico sentido. El objeto es la excusa idónea para demostrar la transición entre tiempos y espacios diferentes. Al igual que el viajar continuo del hombre arrastra experiencias individuales y a la vez colectivas, así también la maleta representa el mismo rastro singular y a la vez común.

El pintor nos ofrece en cada cuadro una visión diferente aun jugando con el mismo tema; no existe repetición posible, pues cada obra es única en sí misma y esa es la cualidad inevitable que la transforma en arte. El artista se deja dominar por su razón, en la que cobra gran importancia el proceso mismo, donde el trabajo personal y continuado provoca que nada sea casual, aunque nosotros así lo creamos. Somete el concepto con su detenido análisis, traduciéndonoslo y logrando que lo que vemos es lo que él desea y lo que pensamos es parte de su meta final; sin embargo, durante este proceso no existe una manipulación, sino un juego “obra/espectador”, un juego visual y conceptual a través de este arte figurativo en donde el tema se subordina a la técnica para darnos una ilusión: creemos saber completar la obra, y, en la distancia, reconocemos esas “naturalezas muertas”, pero al acercarnos para comprobar su realismo, nuestra percepción varía, la pincelada otrora completa, se vuelve mancha y la realidad suprema se desvirtúa.

Valcárcel como artista, investiga con el “objeto/maleta/persona” para alcanzar ese entendimiento “artista/espectador” con el que logra dar una visión lógica desde su ilógica presentación. Los detalles son notas que alcanzan a componer una sonata a través de nuestra percepción y el pintor como educador nos facilita el camino para lograr ese fin.

Este artista gallego que defiende la visión cosmopolita de su entidad, busca técnicamente lograr la corporeidad de la mancha, la justificación de la línea, el juego del color y sobre todo, el absoluto poder de la luz. La luz que se transforma al incidir en la “Naturaleza muerta” reviviéndola. Pero ¿hasta qué punto son Naturalezas muertas?; “Naturaleza muerta” es la definición teórica del conjunto inanimado, pero en Valcárcel este conjunto posee una luz vital que resbala por él, lo vivifica y autonomiza, consiguiendo el equilibrio entre el lleno y el vacío, entre el color y la neutralidad del fondo, entre la obra de gran formato y el detalle...

Estamos ante la obra honesta, de un trabajador incansable del arte, que no busca la admiración en ese absoluto dominio del dibujo, sino en la sensación de domeñar la luz, el color y el significado. La obra expuesta respira autenticidad en esa pincelada suelta, sin maniqueísmo ni agarrotamiento, exhala una exploración personal, por lo que es justo afirmar que posiblemente estemos delante de la obra de uno de los mejores artistas gallegos del momento.

Fátima C. Fernández Gómez

Licenciada en Arte Contemporáneo y Museología